Entrevistes

Nunca he pisado un estadio

Nací en Cataluña y he vivido la mayor parte de mi vida en Madrid. Y como queriendo cerrar su círculo la rueda del destino me ha devuelto a Cataluña en los últimos años. De vocación periodística me encontré con el teatro por casualidad. Y me convertí en actor casi sin darme cuenta. Me apasiona mi trabajo y soy muy exigente conmigo mismo. Demasiado. Me siento corredor de fondo, dispuesto a resistir y a dejar sin resuello al contrincante (soy Escorpio y eso siempre da mucha ventaja). He tenido la suerte de tener siempre a mi lado a la gente que quiero y me quiere. Tengo el corazón tranquilo, el cerebro agitado y la mirada inquieta. Y no fumo". 

-De niño, ¿hizo usted algún deporte y cuenta ahora alguno con usted? 

-Yo siempre digo que se puede contar conmigo para cualquier cosa menos para correr y saltar. Ya no estoy en edad. Antes, sí. De adolescente practiqué la gimnasia con aparatos: las paralelas, las anillas, el plinto. Luego pegué el esti- rón. A mis 18 años ya medía l,95 y, lógicamente, practicaba el baloncesto. Pero las cosas se complicaron: algunos cazatalentos querían convencerme para que entrara en tal o cual club a practicarlo de manera profesional y eso me agobiaba. Llegué a odiarlo. Hoy soy un buen andarín. Me gusta mucho caminar y hacer grandes recorridos andando. Siempre que puedo procuro salir de casa con tiempo para ir a los sitios caminando. Atención, no digo paseando, no: digo caminando, a paso rápido. Soy de zancada grande. Ahora que estoy de gira teatral por distintas ciudades, me gusta salir del hotel por las mañanas después del desayuno y caminar sin rumbo fijo. A veces camino tanto que se me acaba la ciu- dad y sigo por el campo... 

-¿Como espectador, cuáles prefiere? 

-He sido buen espectador de baloncesto, sobre todo de los grandes equipos americanos con toda su carga de espectáculo. En los últimos tiempos he descubierto que me gustaba ver el fútbol... ¡por la tele! Disfruto mucho con aquellos partidos en los que está en juego algo grande. Lo vivo con mucha emoción. Pero en casa. Nunca he visto un partido de fútbol en vivo y en directo. Es más: nunca he pisado un estadio. Cuando lo cuento siempre hay quien se extraña mucho y me mira como a un bicho raro. Pero yo sé de muchísima gente que no ha pisado nunca un teatro. ¿Y de eso no se extrañan...? 

-¿Es del Barça, del Espanyol o de ninguno? 

-Ser, ser, no soy de ninguno. Como mi vida transcurre entre Madrid y Barcelona he descubierto un juego que me divierte mucho: en Madrid me declaro seguidor del Barça, y en Barcelona, del Madrid. Es sorprendente lo que me han llegado a decir en conversaciones acaloradas que yo mismo me encargo de provocar... 

-En su magnífica interpretación de "El Rey Lear" hace un gran ejercicio físico. ¿Cómo lo resiste? 

-Pues mira, sinceramente, no lo sé. Hay un largo periodo de ensayos en el que uno va midiendo la energía que precisa en cada escena, para no llegar al final sin resuello. Son tres horas de mucha acción, mucha tensión y a voz en grito. Después de ocho meses, noto que estoy mucho más en forma que al principio. Pero por ese especial milagro que es toda representación teatral, el que se agota en escena es Lear y no Pou. Cuando termino la función me siento más ágil y descansado que antes de empezar. 

-Es usted urbanita ciento por ciento. Adora Nueva York y sus teatros, sus librerías y sus tiendas de discos. Para "desconectar", ¿qué deporte haría en Central Park? 

-El que ya he hecho allí mismo en más de una ocasión, imitando a muchos neoyorquinos: largos recorridos a paso ligero de norte a sur y de este a oeste. Y de vez en cuando, descansar tumbado en el verde. También he hecho recorridos a caballo, a ratos de paseo y otros al trote (o al trotecillo, para ser más exactos). 

-No sé por qué, le "veo" haciendo esgrima. Quizá nunca se le ha pasado por la cabeza... 

-Pues "ves" muy bien, porque en la Escuela de Arte Dramático era práctica obligada como preparación para la interpretación de los textos clásicos. Y no se me daba nada mal. De todos modos, en cuanto a esgrima prefiero la verbal, la dialéctica, la del ingenio... Admiro a las personas de frase rápida y acerada. 

-¿Le gustaría meter un buen gol a alguien? 

-Seguro que sí. A Bush, por ejemplo, y por la izquierda. Y a todos los que propician las guerras. Y a los que se ciscan en los derechos humanos. Y a los que mercadean con el hambre. Y a los fanáticos. Y a los mal educados, que son legión. 

-¿Qué piensa de la opinión de Carod-Rovira acerca de Madrid 2012? 

-No la comparto en absoluto. En su momento me pareció una reacción egoísta, inmadura, infantil, impropia de un político con responsabilidades. Como catalán, me indignó profundamente y sentí vergüenza ajena. Adoro Madrid, donde he pasado 35 años de mi vida, y estoy deseando que le concedan los Juegos de 2012. Y cuando esto llegue lo celebraré con una copa de cava y un buen vaso de vino tinto con sifón. 

-¿A qué políticos les recomendaría el deporte para relajarse? 

-Ahora, a los de la oposición. Están muy crispados. Demasiado. No es bueno estar siempre dispuesto a la dentellada, hay que aprender que los dientes sirven también para sonreír. 

-Le han dado ya premios por su interpretación del Rey Lear, y más que le darán. ¿Qué ha supuesto en su carrera hacer un Shakespeare por primera vez? 

-Pues algo así como sacarse el Doctorado. Y acabar de una vez con lo que llevaba casi como una maldición, porque no era normal que un actor con 35 años de carrera no hubiera dicho ni una sola frase de Shakespeare. Estuve a punto de interpretar a Otelo y a Shylock en dos grandes proyectos que se frustraron. Y lo llevaba muy mal. Sobre todo desde que leí un texto de Peter Brook que decía: "Un actor no puede considerarse tal hasta que no haya interpretado a los clásicos griegos, a Shakespeare y a Chejov". Con los griegos y con Chejov ya había cumplido. Me faltaba Shakespeare para "sacarme el título". Ahora me siento como si, ¡por fin!, hubiera acabado la carrera. 

-¿Qué proyectos tiene cuando termine esta gira? 

-La gira terminará en Valencia los últimos días de abril. Inmediatamente después empezaré el rodaje de una serie para TV3 interpretando a un industrial catalán metido en asuntos de drogas. Hay por ahí una película estupenda pendiente de confirmar fechas de rodaje. Y en noviembre volveré al teatro con el estreno de "La cabra", una fantástica obra de Edward Albee, que está triunfando en todo el mundo, y , con la que además de interpretar al protagonista, voy a estrenarme como director y productor. Si la cosa sale bien y no meto la pata, podría ser un ¡GOOOOOOL! de campeonato. Si sale mal, tarjeta roja y expulsión. Y volver a empezar.